
A finales del siglo XVI, Ahmad, el Dorado, mandó edificar en Marrakesh un palacio que fuera la maravilla del mundo musulman. Trajo a los mejores artesanos y constructores del mundo conocido. Las suntuosas estancias y los delicados jardines fueron decoradas con mármoles italianos, ónices de Madagascar, tallas de marfil, mosaicos cordobeses, estucos persas revestidos con el oro de Tombuctú... a todo trapo, vamos.
Tras concluir la construcción, el Dorado llamó a su bufón y le pidió su opinión. El bufón le respondió con proféticas palabras, ya que los tesoros del palacio no tardarían mucho en ser arrasados, “Cuando sea demolido formará un buen montón de tierra”
Se echan de menos los buenos bufones... y más sus buenos patrones
ResponderEliminarsi, desde el rey lear no recuerdo ningun buen tandem rey-bufon
ResponderEliminarJa ja ja, ¡que xodio el bufon!
ResponderEliminarHay que suponer que fueron las ultimas palabras del insolente bufon, claro.
ResponderEliminarPor cierto aventurero, si te vuelves a quedar en medio haciendo uno de tus dibujitos cuando pase con mi ferrari 00, probaras una de sus mortiferas armas secretas. Aviso.