
VALLE DE LOS INGENIOS
Indalecio Iznaga era el amo de una finca de mas de cuatrocientas caballerías y propietario de las plantaciones azucareras del Valle de los Ingenios.
Queriendo superar a su hermano, que había construido un pozo de 44 metros de profundidad, mandó levantar una torre de 45 metros. Una torre extraña, en mitad de la nada, sin una finalidad religiosa ni defensiva, pero llamada a convertirse en símbolo monumental del poder inquebrantable de los terratenientes cubanos.
En la torre se colocaron tres campanas: una repicaba cuando había fiesta, otra cuando se declaraba un incendio en el Valle y la tercera cuando huía un esclavo.
Cuando el calor tropical encendía las pasiones del amo, don Indalecio mandaba a su señora a otra alcoba, se subía a la torre y desde allí elegía a la esclava más hermosa, la que aplacaría sus deseos esa noche.
Indalecio Iznaga era el amo de una finca de mas de cuatrocientas caballerías y propietario de las plantaciones azucareras del Valle de los Ingenios.
Queriendo superar a su hermano, que había construido un pozo de 44 metros de profundidad, mandó levantar una torre de 45 metros. Una torre extraña, en mitad de la nada, sin una finalidad religiosa ni defensiva, pero llamada a convertirse en símbolo monumental del poder inquebrantable de los terratenientes cubanos.
En la torre se colocaron tres campanas: una repicaba cuando había fiesta, otra cuando se declaraba un incendio en el Valle y la tercera cuando huía un esclavo.
Cuando el calor tropical encendía las pasiones del amo, don Indalecio mandaba a su señora a otra alcoba, se subía a la torre y desde allí elegía a la esclava más hermosa, la que aplacaría sus deseos esa noche.
Bueno, que suerte para la Sra no tene r que acostarse con ese ser...
ResponderEliminaro_0
¿Y cual de las tres campanas estaba más gastada por el uso?
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