Intentamos entrar en un antro llamado Junction Bar, pero el gorilón de la puerta nos quiere cobrar tres euros. Indignados ante semejante abuso, nos damos la vuelta y hacemos como que nos vamos, pensando que nos estaba poniendo a prueba, pero el cancerbero permanece indiferente.Finalmente hacemos un ejercicio de humildad y pagamos los tres euros.
Si, amigos mios, esto ocurrió.
Y mereció la pena pagar el tributo?, que encontró el aventurero en la noche berlinesa?
ResponderEliminarbah, la verdad es que el junktion era tan insulso como la anecdota
ResponderEliminarla humildad es una caracteristica muy buena en el ser humano, pero no siempre es util :S
ResponderEliminarSaludos