
Fuimos a visitar la casa del Alentejo, centro regional ubicado cerca del Rossio, en un impresionante edificio de estilo ecléctico, entre mudejar y manuelino, al que se accede por un portal anodino y casi imperceptible.
Quieriamos conocer los comedores del piso superior, ricamente decorados con motivos regionales en grandes paneles de azulejos. Pero sobre todo, teniamos interés en probar algunas especialidades de la comida alentejana, como el cerdo con almejas, las costillas dulces de cordero, o las alheiras, unas curiosas salchichas amarillentas que datan de la época de la expulsión de los judíos en el siglo XV (Estas salchichas debían incluir puerco, pero los hebreos las rellenaban con pollo y especias, para poder comérselas, aparentando ser buenos cristianos comedores de cerdo, y evitar asi su expulsion)
Sin embargo, fuimos interceptados en el acceso a los comedores por unos procelosos custodios, que nos impidieron el paso con la excusa de unas obras inevitables en las estancias superiores. Tal vez nuestra reputación nos precedía.
Al menos pudimos apalancarnos un rato entre las palmeras del patio morisco. Alli nos familiarizamos con la obra del profesor Antonio Janeiro Acabado, que de tanta utilidad e inspiración nos sería a lo largo del viaje.
Quieriamos conocer los comedores del piso superior, ricamente decorados con motivos regionales en grandes paneles de azulejos. Pero sobre todo, teniamos interés en probar algunas especialidades de la comida alentejana, como el cerdo con almejas, las costillas dulces de cordero, o las alheiras, unas curiosas salchichas amarillentas que datan de la época de la expulsión de los judíos en el siglo XV (Estas salchichas debían incluir puerco, pero los hebreos las rellenaban con pollo y especias, para poder comérselas, aparentando ser buenos cristianos comedores de cerdo, y evitar asi su expulsion)
Sin embargo, fuimos interceptados en el acceso a los comedores por unos procelosos custodios, que nos impidieron el paso con la excusa de unas obras inevitables en las estancias superiores. Tal vez nuestra reputación nos precedía.
Al menos pudimos apalancarnos un rato entre las palmeras del patio morisco. Alli nos familiarizamos con la obra del profesor Antonio Janeiro Acabado, que de tanta utilidad e inspiración nos sería a lo largo del viaje.
jejeje, tampoco os perdisteis una gran comida.
ResponderEliminarQué hermosurismos nos relatas Aventu!
ResponderEliminarMencanta que nos descubras nuevos rincones del mundo mundial, aún estén a la vuelta de la "esquina"
Pero venga, no te quedes con las ganas
ResponderEliminarhttp://s182.photobucket.com/
albums/x301/jofz_2007/viajes/
Lisboa%20interiores/
Yo, las alheiras que comí no eran alentejanas, sino de Mirandela. Y no eran gran cosa, por cierto.
ResponderEliminarJO, Gus, es IM PRESIONANTE, lo que haces con una simple camarucha de afotos..., haces MAGIA !!
ResponderEliminarMencantan tus luces, pero sobre todo las sombras tan preciosas que consigues captar, ya lo sabes, no? ;-)