
Lo primero que descubres llegando a Madeira es que la pista del aeropuerto es corta y acaba en un abrupto corte sobre el mar. Encima los vientos racheados producen altas turbulencias. Se precisa un caracter muy templado para no experimentar cierta inquietud cuando te diriges hacia esta desventurada infraestructura.
La situación era aun peor hasta el 2003, año en que se acometió la ampliación de la pista de aterrizaje, en una impresionante obra de ingeniería levantada directamente sobre el mar. Las 180 columnas que sostienen la plataforma componen una sala hipóstila digna de los faraones de Karnak.
Menos mal que se ve a través de tu dibujo que se aterriza sobre las columnas, y no entre ellas.
ResponderEliminarAterrizaje hipóstilo.
Andaaaaaaaaaaaaaaaaa, un escalextric para aviones, cómo molaaaaaaaa jejeje
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