
Permitidme ahora que os refiera un suceso escalofriante cuya esencia ya os adelantaba en la entrada anterior.
Eran las horas del mediodía, cuando el sol implacable acorta las sombras de los mástiles. El barco permanecía inmóvil en mitad del océano. Ni un leve soplo de viento acunaba sus velas.
El escorbuto aun no se habia ensañado con la tripulación, pero los hombres ya acusaban el hambre y la fatiga . Insólita aflicción, si hemos en cuenta que apenas había trascurrido un par de horas desde que zarpamos del puerto de Funchal. Tan solo un hombre permanecía erguido en la proa: el aventurero. Un hombre que se había ganado el derecho a llevar pendiente en la oreja izquierda y a orinar a barlovento, como todos los que han doblado el cabo de Nueva Esperanza en medio de gran tempestad.
Vigía inquebrantable, mantenía la mirada fija en el horizonte, oteando cada destello en las aguas, cada remolino en la espuma. Por fin lanzó la alerta que todos esperaban “¡Por allí resoplaaaa!”.
Y en efecto, como una fina llovizna llegaba desde lo lejos el rastro del surtidor de la ballena, produciendo un frescor inesperado. Sumidos en el paroxismo, viramos a estribor hasta colocarnos a corta distancia del gigante. Alli pudimos contemplarlo en todo su esplendor, tan grande como una isla pequeña. Su lomo levantaba enormes olas y su cola al batir contra el agua producía un tifón.
Al poco desapareció la bestia sumergiéndose en los insondables abismos, hacia las puertas mismas del infierno. Cuando ya desistíamos de su persecución, emergió de nuevo en un gran salto que hizo enmudecer a todo la tripulación.
Tras esta demostración de poder, la ballena siguió su rumbo y nosotros regresamos a puerto, pues en verdad no nos movía el ánimo de lucro, ni anidaba en nuestros corazones la sed de venganza, sino el sincero afecto hacia el cetáceo portentoso y el mutuo respeto.
Oh, tú, gran privilegiado!
ResponderEliminarQue has podido obsevar en la cercanía la danza de las hadas del mar. Era rorcual, era franca, era yubarta la resoplante?
era jorobada, no te joroba, y media alrededor de 20 metros
ResponderEliminarLos que conocemos los usos y costumbres del aventurero sabemos que, a las horas del avistamiento, nuestro avezado protagonista se dedica a la única actividad que no perdona en ninguno de los lugares exóticos que visita, ni en su propia casa (o las de sus parientes, amigos...) LA SIESTA. ¿Es posible que el aventurero soñase su aventura mientras estaba en los brazos de Morfeo? ¿Se quedó el susodicho sopa total leyendo Moby Dick? ¿Para cuándo un "Manual de la siesta, cómo, dónde y por qué?
ResponderEliminarLo que yo decía, Yubarta, jorobada, corcobada, humpback, hump-backed whale, vamos de las Megapetra novaeangliae de toda la vida.
ResponderEliminarAunque de la misma familia de los rorcuales, de la especie Balaenoptera, por lo que podrían considerarse primas lejanas jejeje
ya veo que eres una gran conocedora de los cetaceos, wendy
ResponderEliminarsin embargo muskilda parece una gran conocedora de mis habitos, ya que en efecto saoy gran aficionado a la siesta y aveces no distingo el sueño y la vigilia
Vigilia, o Vigilius officinalis...
ResponderEliminar... es broooooma jajajaja