Acababa de adquirir un paquete de cantarellus a un precio muy razonable, cuando llamó mi atención una seta que parecía derretirse en un liquido negro.

Inquirida al respecto una amable micóloga me explicó que se trataba del Coprinus comatus, conocida en euskera como urbeltz. Su carne es excelente pero debe comerse enseguida porque a los pocos dias empieza a licuarse hasta acabar totalmente transformada en tinta. Me cuenta la expositora que Hitler siempre escribía con tinta de coprinus, a fin de evitar las falsificaciones, e incluso fusiló a un comandante de la Gestapo por haber falsificado su firma, fraude descubierto con un microscopio al detectar la falta de esporas en el papel.
Animado por la curiosa explicación, sigo recorriendo la exposición hasta llegar a un stand que muestra un excelente ejemplar de amanita caesarea. A fin de observarla mas de cerca, le ruego al encargado que me la acerque “¿Me das la amanita?”. Tan inocua solicitud debió ser mal interpretada por el rudo micólogo baturro, de los de azada y cachirulo, de manera que tuve que escapar precipitadamente para que dicho energúmeno no me arrojara al pilón, en pública represalia por aquella inocente aunque equívoca petición.
No dudo de las buenas intenciones del aventurero, pero es sabido que las amanitas cesáreas despiertan un salvaje sentido de la propiedad, de hecho en la antigua Roma era un manjar exclusivo de los césares pudiendo costar la vida a aquel que osara comerla.
ResponderEliminarPero recomiendo al intrépido aventurero que tenga cuidado, parece que Agripina envenenó a Claudio al ofrecerle un suculento plato de Amanita caesarea en que incluyó ejemplares de la venenosa Amanita phalloides.
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ResponderEliminarJAJAJAJA, es que con las cosas de micólogos (sobre todo del norte...) no se juega, jefe.
ResponderEliminarAiiins, el mágico mundo de las hifas, estuve mucho tiempo sin poder incarle el diente ni a los inocentes champiñones.
Pero para hoy tengo pa elegir:
Shiitake, de Cardo, de Chopo y Níscalos deliciosus Muahahahahaha
MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHA
PD: ... Judax, es lo que tienen las Amanitas, son de lo más tramposillas jijiji
hola, judax
ResponderEliminarSi era exclusiva de los cesares de ahi vendra lo de caesarea, no?
En el caso del maño no era el sentido de la propiedad lo que le enervaba. Es que debio entender "dame la manita" y ya sabes que los maños son muy bruticos
Al hilo de tu comentario de ayer de la vara, y sin querer dar la ídem, cuando estudié la carrera me contaron que los maestros constructores de catedrales (las góticas sobre todo) tenían cada uno su propia vara, y que era ésta la que daba las proporciones únicas a cada construcción, ya que cada maestro tenía la suya.
ResponderEliminarLuego nacieron los arquitectos, con el métrico decimal entre ceja y ceja y chico, ya nada fué lo que era.
Bueno, bueno, Agripina le echó una manita a las amanitas, o eso dice la leyenda y la Historia, en realidad, vete tu a saber que pasó.
ResponderEliminarInteresante el comentario de Alp. Tengo varios conocidos, e incluso algunos amigos arquitectos, que consideran que el resto de los arquitectos no son lo que eran, pero ellos siempre serán lo que siempre han sido. Tampoco ellos lo entienden muy bien, pero les queda de cine cuando se les llena la boca. ("¿Maestros constructores? ¿Quienes son esos? ¿Han ido a la escuela de Arquitectura? Seguro que son decoradores sin salir del armario." dirian totalmente indignados. Se indignan mucho los arquitectos.)
Sería divertido saber si en vez de mostrar su enojo el iracundo setero te hubiese sonreido picarón y te hubiese dado su amanita :)p
ResponderEliminarEn ese caso, Gus, habria sido yo el que corriese a arrojarme al pilon.
ResponderEliminarMuskilda y alp, a ver si solventais vuestras diferencias en foros mas apropiados. Nada de tirarse aqui los trastos que esto es un blog serio