Wifredo el Velloso (Guifré, el Pilós), noble visigodo, había sido nombrado conde de Barcelona por el rey de los francos, Carlos el Calvo, para agradecerle su ayuda en la lucha contra los normandos.
Sin embargo, este rey carolingio albergaba cierta antipatía y envidia contra el nuevo conde. Y es que Wifredo el Velloso, tenía una larga y voluminosa cabellera, amen de un tupido y varonil vello recubriendo su torso poderoso, mientras que Carlos el Calvo era lampiño y sufría una acusada alopecia, a juzgar por sus respectivos sobrenombres.En aquellos tiempos los límites de los reinos de taifas musulmanes llegaban hasta Cataluña. Wifredo el Velloso decidió atacar a los sarracenos en Lérida, porque la familia de los Banu Qasi había fortificado la ciudad. En respuesta, los musulmanes atacaron Barcelona, y sucedió como en aquella elocuente copla:
Vinieron los sarracenos
y nos molieron a palos,
que Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos
El caso es que en la batalla una lanza atravesó el pecho de Guifré, resultando mortalmente herido. Carlos el Calvo, cuyo resquemor no había hecho sino aumentar con el tiempo, acudió raudo al postrero lecho del velloso, dispuesto a disfrutar del momento. Comprobando que se encontraba al borde de la muerte, el taimado rey le importunaba y provocaba
-¿Qué, de que te sirve ahora tanto pelo? ¿Por qué no te haces un moldeado in extremis?
- Pero, por el amor de dios, majestad ¿es que siempre teneis que andar jorobando, hasta en mis últimos estertores? – protestaba el pilós, con mas razón que un santo
El rey no solo le hurgaba metafóricamente en la herida. También le hurgaba literalmente en la herida metiendole los dedos en el tajo que la lanza había abierto.
Al escuchar los débiles lamentos de Wifredo, sus familiares y miembros de la corte entraron en la estancia. Viendose sorprendido, el Calvo se limpió los dedos ensangrentados con lo primero que encontró: la dorada bandera del conde. Como los presentes le miraban con reprobación, el rey trató de disimular. “En esta difícil hora yo, el Rey de la Francia, te concedo este escudo en reconocimiento a tu noble arrojo y tu sedosa melena, oh valeroso Guifré”, o algo así debió decirle, mientras le cubría con aquel estandarte pringado con cuatro surcos de sangre.
Maldiciendo al monarca con un hilo de voz, Wifredo exhalaba su último suspiro. Sus restos permanecen en el monasterio de Ripoll. El escudo dorado con 4 barras rojas pasó a ser el oficial de los condes de Barcelona y despues bandera de Cataluña.
Esto sí que es historia documentada y contrastada: la señera pilosa.
ResponderEliminarjonino envidioso, gabacho tenía que ser...
ResponderEliminartambien el velloso era gabacho, parece que nacido en la región de carcassonne
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