Cuentan la historia de un hombre poderoso que golpeó en la cabeza a un hombre justo con una piedra. El dervishe no pudo responder a la agresión. Un día encarcelaron a su atacante por haber causado la ira del sultán. El dervishe, que todo ese tiempo había guardado la piedra, fue a ver al hombre y le golpeó con ella en la cabeza.
El prisionero se quedó desconcertado y le preguntó: - ¿Quién eres y por qué me golpeas con esa piedra?
El anciano respondió: - Soy fulano de tal y esta es la misma piedra con la que me golpeaste en tal fecha.
Su víctima inquirió: - ¿Por qué no te vengaste antes?
- Antes -dijo el sabio- temía tu autoridad, pero ahora considero que es el momento adecuado para enseñarte buenos modales, pues es cierto que si ves a un hombre indigno que adquiere poder, es que los sabios han renunciado a la autoridad. Mientras no tengas uñas afiladas, mejor es no entrar en pelea. El que echa un pulso a un puño de acero, causa dolor a su propia muñeca. Espera hasta que la fortuna ate sus manos y entonces, para deleite de tus amigos, ábrele el cráneo.
Un derviche con paciencia y sabiduría, bien por el y por la piedra que guardó esperando su momento.
ResponderEliminarMe gustan mucho los cuentos, siempre me han gustado. Gracias Aventurero. Por cierto, hay alguna relación entre este Shiraz y el que me tomé ayer en la cena? Y mira que casualidad que era de Mendoza! Tantas coincidencias Aventurero...
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