viernes, 5 de febrero de 2010

hipodromo

El hipódromo es uno de los lugares más monumentales de Estambul. Fue construido en el siglo II, durante el imperio de Septimio Severo, y el 11 de marzo del 330 en esta misma plaza se proclamó el nacimiento de la Nueva Roma. Allí surgió también la rebelión de Nika, que acabaría en un baño de sangre cuando Belisario mandó masacrar a los 30.000 insurrectos allí convocados.

“Si”, me diréis “mucho Belisario y mucho Septimio Severo, pero ¿ahora mismo que se puede ver allí?" Pues lo siguiente:

EL OBELISCO EGIPCIO, el monumento más antiguo de Constantinopla, fue construido hace 3.500 años por orden del faraón Tutmosis II en Luxor. Expoliado en el siglo IV por los bizantinos, al descargarlo en el puerto se les partió en tres trozos y lo que ahora hay instalado allí es únicamente el tercio superior.

LA FUENTE ALEMANA, un kiosco diseñado personalmente por el káiser Guillermo y regalado al sultán Abdulhamid II.

LA COLUMNA DE CONSTANTINO. El emperador Constantino Porphitogenetos mandó recubrirla de bronce pero las placas fueron arrancadas durante la IV cruzada para acuñar moneda.

LA COLUMNA SERPENTINA. Fue un regalo de las 31 ciudades griegas que vencieron a los persas en Platea, para instalarlo en el Templo de Apolo en Delfos. Representa tres serpientes entrelazadas de cuyas bocas brotaba leche los días de carreras. Sobre ellas había instalada una gran caldera de oro.

También estuvieron aquí los míticos caballos asirios de san Marcos, hasta que los saquearon los venecianos en el 1204

4 comentarios:

  1. Ya no hacen hipódromos como los de antes.

    ResponderEliminar
  2. Yiujúú, 89498 ... CAPICÚÚÚA de nuevo !!!!!!

    ResponderEliminar
  3. Ya me falta menos para verlo personalmente.
    Te ha faltado comentar que en las carreras del hipódromo había dos facciones encontradísimas (creo que eran los verdes y los azules, pero no estoy muy segura) que la armaban en cada carrera. Y estos hinchas desaforados no se podían ni ver ni en las carreras, ni por las calles, ni por el ejercito, ni por el mundillo de la corte...
    Vamos, que las carreras terminaban en revueltas, guerras civiles o similar por un "hemos ganado por un morro de caballo". "Pues hablando de morros...". Y hala, ya estaba liada. Eso eran carreras, y no las de San Jerónimo.

    ResponderEliminar
  4. Efectivamente, Muskilda. En el Hipódromo convergían las dos fuerzas políticas más influyentes del Imperio, los azules y los verdes, partidos supuestamente deportivos pero decisivos a la hora de elegir un emperador, de armar una conjura, de realizar una revuelta (Justiniano fue conocido como uno de los más fanáticos azules.)

    Esta división deportiva dio lugar a un extraño espacio de libre opinión en el medio de un Imperialismo Teocrático. El emperador, con el poder absoluto en sus manos, podia ser insultado por miles de personas (en el Hipódromo debían caber unas 50.000 por lo menos) solo porque no pertenecía a su equipo de carros preferido.

    ResponderEliminar