En Xoximilco contratamos unas canciones a los Valdes (ningun parentesco conocido con el licenciado Valdés) que por unos pesos ofrecian su arte desde otra barca. Padre e hijo, los Valdés eran mariachis de pura cepa, aunque vestían guayaberas, y con su xilofono interpretaban cualquier corrido con mucho sentimiento. Creo recordar que nos deleitaron con la llorona y el cucurrucucu.
Ha vuelto la música!!!!
ResponderEliminarLos milagros del menisco ;-)
¿Xilófono? No será xenófobo...
ResponderEliminarQué gracia! He leído la entrada y automaticamente se me ha ocurrido decir algo, al entrar y ver los comentarios me he dado cuenta de que el Fugitivo lo ha dicho ya!
ResponderEliminarQue tal esa rodilla aventurera?
ResponderEliminarvamos poco a poco
ResponderEliminar