
Situado en el privilegiado entorno de la desembocadura del Gran canal, el Harry´s bar es uno de los locales de cócteles mas conocidos del mundo. Alli se inventó el Bellini, zumo de melocotón con champgne y unas gotas de limón, y son tambien muy famosos sus martini secos, a los que Truman Capote llamaba Silver Bullet, bala de plata.
Chaplin y Orson Welles, tambien fueron asiduos de este local, y Ernest Hemingway, gran amigo del propietario y de los cócteles, situo aquí parte de su novela Al otro lado del rio. A Hemingway el martini le gustaba muy seco: Dejaba la copa de ginebra junto a la botella de martini durante unos minutos y luego se bebía la ginebra.
Como corresponde a tan ilustres borrachos, el Harry´s es un lugar selecto y cosmopolita. Tan selecto y cosmopolita como 17 euros la consumición. Y alli nos dirigimos nosotros, sacando los pies del tiesto, dispuestos a dilapidar nuestros exiguos ahorros. En el otro lado de la pequeña barra nos encontramos con unos conocidos que apuraban sus bellinis. Uno de ellos hizo amago de saldar la cuenta y el fugitivo le frenó haciendo un gesto como de “no hace falta que pages lo nuestro”. Gesto que fue inteligentemente interpretado como “nosotros pagamos todo, no os preocupeis”. En unas décimas de segundo nos expresaron su agradecimiento y desaparecieron, dejándonos con una cuenta pendiente de 96 eurazos, que el impecable pero resabiado camarero no tardó en solicitarnos, mientras apretaba un botón que bloqueaba las salidas.
PD. Espero que el fugitivo no vaya nunca a una subasta de arte, porque seguro que antes de que acabe de rascarse la oreja ya habrá oido el mazo adjudicandole un jarrón de la Dinastia Ming, muy por encima de su valor de mercado.




