
Por alguna razón atávica, Venecia, tan populosa bajo la luz del sol, durante la noche se torna una ciudad vacia y silenciosa.
El Campanile aun no ha anunciado la medianoche y ya tan solo resultan visibles algunos turistas reticentes que apuran sus spritz por los alrededores de San Marcos y los estudiantes poco aplicados que procrastinan en el Campo Santa Margherita. Y aun estos no tardarán en recogerse en su refugios.
En las calles desiertas, los sigilosos felinos serán los únicos testigos de la atmósfera , radiante y enígmatica que desplegará entonces la ciudad.
Los gatos son desde tiempo antiguo muy mimados y respetados por los venecianos.
Y es que la peste que motivó la construcción de la iglesia de la Salute, fue propagada por ratas asiáticas que llegaron ocultas en los barcos que venian de Oriente. Asi, estas naves que traían preciadas especias, fina seda y otras codiciadas mercancías, enriquecieron la ciudad pero tambien provocaron su destrucción. Los fatídicos roedores encontraron en las cloacas de Venecia un refugio perfecto para multiplicarse y propagar la enfermedad.
Para combatir la plaga, la Serenísima importó gatos de las islas de Dalmacia que pusieron todo el empeño en aniquilar a sus naturales enemigos.
Bien pudiera ser que, en agradecimiento, los parroquianos otorgaran a los gatos el privlilegio de gozar en exclusiva de la noche veneciana
Pues algo me dice que tienes un tanto de gato tú, parroquiano. Y no creo que sea la osmosis por cohabitación con la adorada Elga, ni tampoco lo digo por tu habilidad de trepar tapias, manzanos o monumentos. Sino por esa habilidad innata, muy semeja a la de los gatos, de ubicarte en el lugar apropiado allí donde estés, siempre en guardia, ojo avizor, como el capo en la trattoría, donde todo pasa siempre a espaldas de tu interlocutor.
ResponderEliminarHago esta liaison porque acabo de leer tu post anterior y me he acordado de ese momento entre otros, porque hay otros, ¿verdad Licenciado?; de ese momento que vivimos hace ya unos cuantos años tomando un café en una terraza de la Zurriola en pleno Festival de Cine, a eso de las tres de la tarde donde sólo pasan cosas buenas. Casi siempre. Pues eso, que me di cuenta que algo pasaba a mis costas al notar tu mirada perdida y que ya no respondías a mis preguntas. Me di la vuelta y allí estaba ELLA, colocándose sus sandalias de tacón al salir de la playa, abstraída como tú en una secuencia que sería imposible de reproducir el mismísimo Hickot. Como siempre me perdí la mitad. Qué gato estás hecho, tú.
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ResponderEliminaray, amigo snad, no pasa un solo dia sin que recuerde aquella escena
ResponderEliminar.ríete de los anuncios. Tampoco soy el mismo desde entonces. Buf!
ResponderEliminarSiento envidia por tanta complicidad, y curiosidad por el comentario suprimido,
ResponderEliminarEstoy absolutamente de acuerdo en el carácter gatuno del Aventurero, es un gran observador cuasi invisible, tiene ese don innato para pasar desapercibido mientras las cosas suceden ante sus ojos.
Que va Judax, no es para tanto, sucedió que nos fuimos sin pagar, provocamos un par accidentes de tráfico por aquello de seguirla hipnotizados y berrear como niños cuando más de cerca intuimos que era un hombre. Así que El Aventurero tiene que ir al Festival durante diez años a realizar trabajos sociales haciendo de seguridad para la farándula. Por eso se acuerda. Lo que pasa es que lo disfraza de francachela.
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