
A la minima contrariedad, Adolfo se impacientaba. Se sentia indignado, y enseguida lo achacaba a algun fallo de la organización. Fuera de control, se dirigía a Rocio y le increpaba con grandes reproches y aspavientos. Rocio se llevaba a Adolfo a un aparte y no sabemos que tipo de explicaciones promesas o amenazas le trasmitía, pero el caso es que volvia transformado en otra persona, comprensivo, dialogante. A la vuelta, Adolfo nos pedía paciencia, nos explicaba que hay que entender que estamos un grupo grande y que hay que atender a las distintas necesidades, que hay que ceder un poco por el bien general. Mari Carmen, Joti y yo no dábamos crédito a lo que oíamos. Habíamos mandado a un Saulo furibundo y regresaba un San Pablo, derribado del caballo, convertido a la nueva fe. Iba Orlando furioso y volvía Buda iluminado.
Enseguida nos aprendimos el truco y, cada vez que se nos alteraba un poco el chaval, se lo mandábamos a Rocio y nos lo devolvia mas suave que la seda. Incluso tanteamos la posibilidad de contratarla para otros viajes, ofreciéndole un cheque en blanco. Pero ella se negó en redondo, no sabemos si porque el trabajo tenia demasiada penosidad o porque el cheque estaba en blanco.
En la imagen podemos ver al primogénito en un aplaza de Split, furioso, antes de la intervención rociera, apoyado en la estatua de Marco Marulic, excelso poeta croata.
Que confiese Fito !!!!!!!
ResponderEliminarme troncho!
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