Desde el comienzo de la guerra contra los franceses, en el verano de 1808, las Juntas locales y provinciales que dirigían la resistencia enviaron representantes para formar una Junta Central Suprema que coordinara las acciones bélicas y dirigiera el país durante la guerra. Floridablanca y Jovellanos fueron sus miembros más ilustres. La junta, que reconoció a Fernando VII como rey legitimo de España y declaró nula su renuncia, huyó a Sevilla ante el avance de los franceses, y de allí, en 1810, a Cádiz, la única ciudad que, ayudada por los ingleses, resistía el asedio francés.
La Junta Central se mostró incapaz de dirigir la guerra y en 1810 se disolvió, tras convocar unas Cortes para que los representantes de la nación decidieran sobre su organización y su destino.
Estas cortes de Cadiz promulgan día 19 de marzo de 1812, la nueva Constitución. Como fue promulgada día de San José, se la conoce popularmente como “la Pepa”. De ahí el popular, y en su dia subversivo, dicho de “¡Viva la Pepa!”.
Fue un texto muy innovador para la época, influido por la Carta Magna americana. La Constitución de 1912 contiene una declaración de derechos del ciudadano: la libertad de imprenta, la libertad civil, la igualdad de los españoles ante la Ley, el derecho de petición, el derecho de propiedad. La nación se define como el conjunto de todos los ciudadanos de ambos hemisferios, con lo que se igualan los territorios peninsulares y las colonias americanas.
En su artículo 13 declaraba solemnemente que el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación.
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