
La mejor forma de moverse por la isla es subirse a un almendrón.
Se llama almendrones a los numerosos vehículos estadounidenses fabricados antes de 1960 que recorren las carreteras cubanas, y que constituyen posiblemente el depósito de coches antiguos en funcionamiento más grande del mundo.
Cuando triunfó la Revolución Cubana en enero de 1959, muchos de esos carros eran de último modelo, recién importados a la isla. Con la imposición del embargo económico en 1960, y la imposibilidad de importar vehículos nuevos o piezas de repuesto, el parque movil de Cuba se mantuvo sin cambios a lo largo de seis décadas. Durante este tiempo, cada propietario se las ingenió como pudo para mantener en funcionamiento estos gigantes automovilisticos. Los motores se iban apañando con piezas de lavadoras y las carrocerías se moldeaban a base de martillazo y lija.
Es cierto que llegaron vehiculos procedentes de los países socialistas, pero nunca tuvieron la misma aceptación. Por una parte, los Lada y los nuevos utilitarios rusos, estaban reservados para el aparato del Partido y funcionarios de gobierno; y por otra, su aspecto tosco nunca pudo competir con el impactante diseño de aquellos Pontiac, Fords, Chevrolets o Cadillacs.
En 1951 circulaban por Cuba 143.000 almendrones. En 2013, la mitad todavía siguen en funcionamiento, unos 75.000. De ellos 10.000 circulan a diario por la Habana , emitiendo CO2 a la atmosfera como para ruborizar a la capa de ozono.
Muchos son de uso particular, otros se ofrecen como taxis y los hay que se alquilan a extranjeros. Existe también la opción de tomarlos como colectivos en rutas urbanas más o menos prefijadas, por menos de medio euro, aunque si te ven la cara de guiri intentarán cobrarte algo mas. En cualquier caso, montar en uno de estos poderosos trastos es una experiencia inexcusable en la Habana .
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