En Irotz paso junto a una cementera que se me antoja un castillo encaramado a un risco. Tantas horas de sol en el cogote y tantas novelas de caballería mal asimiladas me reblandecen el cerebro, y veo cosas que no son lo que parecen, ni parecen lo que son.
En la parte mas alta de la fabrica, digamos las almenas, creo ver asomarse a una hermosa dama del toboso, retenida contra su voluntad por el malvado gigante Pandafilando, el de la fosca vista.
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