Pamplona es una ciudad tranquila y provinciana, excepto una semana al año en la que todo se vuelve loco. A partir del 7 de julio el desmadre y el cachondeo se adueñan de las calles y la población de 200.000 habitantes se multiplica hasta llegar al millon y medio. Guiris de todo el mundo acuden extasiados a sumarse a la gran catarsis colectiva de una fiesta conocida a nivel mundial.
Gran parte de la culpa de este reconocimiento le corresponde a Ernest Hemingway, que vino por primera vez en 1923 y encontraria en los sanfermines material para su novela "Fiesta". El premio Nobel fue testigo de la muerte del primer fallecido en un encierro desde que se inauguró la plaza Monumental, el sangüesino Esteban Domeño.”Mortalmente cogido, todo por deporte, todo por placer” recoge en sus paginas. Fiesta teñida de tragedia. Eros y Thanatos.
Ocho veces mas volvería a los sanfermines, antes del fatídico dos de julio de 1961, en que se pegaría un tiro en la cabeza, en Ketchum, Idaho, con las entradas para la Feria de Toro de Sanfermin en su mesilla.
Contagiados por la pasión de Hemingway, muchos otros famosos juerguistas del Hollywood dorado acudirían al llamado de la fiesta: Orson Welles, Ava Gardner, Arthur Miller, Tyrone Power, Errol Flynn... Incluso el acartonado Charlton Heston se paseó por la Navarreria.
Y es que los sanfermines y sus encierros resultan altamente adictivos. Esos 875 metros que separan los corrales de Santo Domingo y el callejón de la Monumental, a través de de Estafeta, Mercaderes, y Telefónica (que no movistar) son barridos cada dia a las 8 en punto por seis toros bravos, que serán lidiados a la tarde en la Plaza. Delante de sus afilados cuernos, jugandose el pellejo, cientos de hombres y mujeres corren tratando de esquivar la fatalidad, e inundan el encierro de un poderoso torrente de adrenalina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario