En
zonas de playa como Phuket o Pattaya o en locales nocturnos de Bangkok es frecuente encontar extranjeros varones, europeos o americanos, entrados en años,
acompañados de chicas tailandesas jóvenes y bonitas y vestidas con muy poca
ropa, debido al calor.
Me
enternece ver a estas parejas, tan bien avenidas, a pesar de la diferencia de
edad y de cultura. Pienso que quizas ella sea
la nieta, nacida de un matrimonio interracial, que cuida con entrega y
abnegación del abuelo enfermo, ayudándole a encarar el postoperatorio para laringetomizados.
O
quizás sean una pareja como tantas otras ¿Por qué no? donde el amor
desinteresado ha surgido, en el otoño de la vida de uno y en la primavera de la
otra, venciendo todas las adversidades que imponen las costumbres rancias y los convencionalismos caducos.
Resulta
conmovedor comprobar, en rincones tan remotos del planeta, como triunfa el amor verdadero, alzandose entre las brasas de una pasión contracorriente, superando las barreras de la edad, la
raza y la religión.