Ahora
que se acerca el puente de la Constitución me acuerdo del puente de la
Constitución. Del otro. El puente de la Constitución de 1812, la Pepa. Esa gigantesca
infraestructura que pretende atravesar la bahía de Cadiz, pero que se ha
quedado en un mastodóntico monumento inconcluso. Ese agujero sin fondo, que ya ha consumido casi 500 millones de inversión
publica. La obra más costosa que ejecuta en la actualidad el Ministerio de
Fomento
Me
asomo a la playa de Fuente Bravia, y a lo lejos puedo distinguir el esqueleto del
puente, surgiendo de las aguas como un Godzila de acero y cemento, devorando
fondos presupuestarios.
No se
porque extraña asociación, me viene de pronto a la cabeza la historia del Niño pez de Lierganes, una criatura que quedó atrapada entre las redes de un
pesquero en las aguas de esta bahía gaditana, hará unos cien años atrás, tal
vez doscientos. (asi de documentada tengo la historia). Tenía el cuerpo
cubierto de escamas y creo que su respiración era branquial. Se mostraba
asustado y era incapaz de hablar. Despues de varios días sometido a continuas
preguntas, acertó a pronunciar una palabra: Lierganes.
Puestos
en contacto con el párroco de la localidad cántabra, este reconoció a un muchacho
del pueblo que se sentía en el agua como pez en el mismo medio. Habia marchado
el zagal a Portugalete para trabajar de aprendiz de carpintero, y un dia
bañándose en la ria del Nervión, despareció y todos le dieron por ahogado.
Habian pasado desde entonces cinco años. O diez.
¿Pudo
haber pasado todo ese tiempo en el mar a la deriva? Pues qué sé yo, pero asi lo
quiere la leyenda. Lo que sí sé, de buena fuente, es que, en cuanto las
autoridades de Cadiz bajaron la guardia, el muchacho escapó del convento donde
lo habían recluido y, como una Alfonsina cantabra, volvió a sumergirse en mar,
sin que nunca mas nadie volviera saber nada de él.



