Nuestro siguiente destino es Valverde de la Vera, uno de esos pueblos que
conservan intacto todo su encanto, en un ambiente de siglos y tradición que se
preserva con celo
Sus calles estrechas y tortuosas preservan la
arquitectura judeo-medieval para combatir el frío del invierno. Por el centro
del empedrado, discurren las regueras, para distribuir el agua de riego de las
huertas y facilitar la limpieza del casco urbano. Las casas tienen un planta
baja de piedra, con soportales, y un piso superior de abobe con voladizos de
madera.
Hay incluso un castillo, levantado por los Monroy, que conserva la torre el homenaje y parte de la muralla exterior. Su estado un poco
ruinoso no hace sino aumentar su misterio y su aspecto fantasmal.

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