El
viajero que llega a Losar de la Vera se sorprenderá al descubrir unos setos esculpidos con caprichosas formas, flanqueando la entrada del pueblo. A ambos lados de la carretera, estas esculturas
florales engalanan los jardines: animales, formas geométricas, figuras humanas… Al
parecer, el jardinero del pueblo se quedó viudo, y empezó a tallar formas en los setos, como homenaje a su mujer
y para mitigar el dolor de la perdida.
Y
aun el pueblo depara otra inolvidable sorpresa: el bar Pelicano, regentado por
un provecto motero, mas calvo que canoso, y que ofrece como tapa unas migas
extremeñas que rozan lo sublime.

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