
Aunque no es propiamente Caceres, merece
hacerse una escapada a la sierra de Bajar, en la vecina provincia de Salamanca,
para visitar el pintoresco pueblo de Candelario. Esta villa se recuesta en la
falda occidental de dicha sierra, en cuyas cumbres nunca falta nieve. Este clima
severo es ideal para curar embutidos
La arquitectura de Candelario, aunque no
reniega de orígenes serranos, es fruto directo de esa actividad económica: la
industria chacinera del cerdo ibérico. La tipología de edificio respondía a las
funciones de pequeña industria familiar, y practicamente todas las
viviendas dedicaban la planta baja a matadero y secadero. En su apogeo Candelario
llegó a contar con 103 fábricas de
embutidos. Un paraíso para los apóstoles del chorizo y la tocineta.
La estructura urbana, muy
condicionada por la topografía, se compone por cuatro calles
que siguen las líneas de máxima pendiente, unidas de forma transversal por otras
secundarias. Por las calles mas empinadas discurren unos generosos canales
de desague, que se utilizaban para canalizar el agua que baja de la sierra hacia los regadios,
pero también para limpiar las cazuelas, los cuchillos y la utilleria de
la matanza. En la epoca de la festividad de San Martin, cuando se sacrifican miles
de cerdos en el pueblo, los canales se convierten en regueros de sangre de un rojo tan intenso como
las llamas del infierno.
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