Los peregrinos atravesaban el Puente de San Juan para acceder a la ciudad antigua desde el barrio de España, arrabal poblado por comerciantes y artesanos.
Hasta la construcción de este puente, los romeros debian atravesar
el rio Errobia, por un vado, donde a menudo eran estafados por algún espabilado
pasiano, que se guiaba por la máxima aristotélica de “al ave de paso, perdigonaso”

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