lunes, 3 de agosto de 2015

Cueva de Salamanca

«Entremos; que quiero averiguar si los diablos comen o no, con otras cien mil cosas que dellos cuentan; y, por Dios, que no han de salir de mi casa hasta que me dejen enseñado en la ciencia y ciencias que se enseñan en La Cueva de Salamanca»

Miguel de Cervantes






Subiendo por la cuesta de Carvajal se llega a una cripta cuya construcción se atribuye al mítico Hercules. Esta estancia subterránea perteneció a la hoy derruida  iglesia de san Ciprian.


En el siglo XIV el mismísimo Satanas, bajo la apariencia de un sacristán, estuvo en la cueva de Salamanca, impartiendo clase a siete alumnos durante siete años. A la tenue luz de una vela, el Diablo inició a sus alumnos en la ocultas ciencias de la nigromancia y los conjuros y la magia negra y los rituales de brujería. A cambio,  uno de los alumnos debería permanecer de por vida al  servicio de su satanica majestad.

La condena recayó en el marques de Villena,  que consiguió burlar su infausto destino, escondiéndose en una tinaja, y escapando en un demoniaco descuido, aunque en el camino perdió su sombra.
 
Esta historia ha aparecido recogida en obras literarias de autores como Cervantes, Calderón de la Barca,  Ricardo de Rojas o Walter Scott. La leyenda de la Cueva Salamanca viajó por América y aun hoy en países como Chile, Argentina, Brasil, Uruguay o Colombia se denomina “salamancas”  a cuevas llamadas en las que los chamanes locales adquieren sus conocimientos mágicos.




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