La ballena, una vez arrastrada a tierra, se despiezaba y repartía, estando presentes el párroco de La Soledad y algún representante del Gremio. La tradición mandaba que el vientre fuese para la Capilla de La Soledad, una aleta para el pescador que le había dado muerte y la otra repartida entre toda la comunidad de pescadores. No sé qué utilidad les darían a estas vísceras y apéndices del pobre bicho, pero seguro que eran como oro marino, aunque solo fuera por el tamaño.
lunes, 2 de mayo de 2016
Cimadevilla
La ballena, una vez arrastrada a tierra, se despiezaba y repartía, estando presentes el párroco de La Soledad y algún representante del Gremio. La tradición mandaba que el vientre fuese para la Capilla de La Soledad, una aleta para el pescador que le había dado muerte y la otra repartida entre toda la comunidad de pescadores. No sé qué utilidad les darían a estas vísceras y apéndices del pobre bicho, pero seguro que eran como oro marino, aunque solo fuera por el tamaño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario