La ciudad fue fundada en el año 25 a.C. por orden del emperador Augusto, como asentamiento para los
legionarios eméritos (de ahí la toponimia emeritense) por haber derrotado a los cántabros
en las campañas del norte.
Para la colonia se eligió un punto estratégico junto al Guadiana, con una isla central y un tramo casi vadeable que facilitó la construcción del puente. La prolongación del puente marcó el trazado del Decumanus Maximus con orientación este-oeste, la calle principal de la ciudad.
Los romanos construyeron una gran urbe en este asentamiento, con su circo, su anfiteatro, su hipódromo y todos los adelantos de la época.
A comienzos del siglo XX el Teatro Romano estaba completamente enterrado tras siglos de abandono y sólo eran visibles algunas partes del graderío superior, que parecían siete grandes sillas de gigante, de ahí que los habitantes de la época conocían la zona del Teatro como las Siete Sillas, sin saber realmente que bajo la tierra se encontraba un tesoro arqueológico.

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