Los revolucionarios entran al Palacio Nacional. Villa ofrece a Zapata el sillon presidencial, pero Zapata lo rechaza y entonces Pancho Villa se sienta en el dorado sillón que fue trono de Porfirio Díaz, por ver qué se siente.- Y por esto nos matamos unos a otros.
A su lado, Zapata contesta con murmullos las preguntas de los periodistas, timidamente, con el sombrero charro sobre las piernas.
—Este rancho está muy grande para nosotros.
Los generales revolucionarios han triunfado, pero no saben qué hacer con la victoria. El poder es asunto de doctores, amenazante misterio que sólo pueden descifrar los ilustrados, los que duermen en almohadas blanditas.
Cuando cae la noche, Zapata se marcha a un hotelucho, a un paso del ferrocarril que conduce a su tierra, y Villa a su tren militar. Al cabo de unos días, se despiden de la ciudad de México y, ajenos a la gloria del triunfo, regresan cada uno a las tierras donde saben andar sin perderse.
... y el aventurero, asimismo volvió a su tierra, donde se encontró feliz comiendo besugo y bebiendo txakolí
ResponderEliminarQué bueno es tener una tierra a la que volver.
ResponderEliminarPrefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado
ResponderEliminarEmiliano Zapata
Eso es un revolucionario :D, grandes hombres de la historia de mi pais que es bello, bello.
Besos desde Mexico para el aventurero y para Gus.
Besos para la reina de Aguascalientes, donde Villa y Zapata hicieron buenas migas.
ResponderEliminarbesos para la princesa azteca
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