
El 9 de Julio de 1357 Carlos IV, rey de Bohemia y futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, inició con un golpe de pico las obras del puente más famoso de Praga y el más antiguo. Fue a las 5.31 de la madrugada, hora señalada por los astrólogos y astrónomos del rey como la más propicia. Hubo pues de madrugar.
Desde este mismo puente, un sucesor suyo, Wenceslao IV, mandó arrojar encadenado a San juan Nepomuceno. Wenceslao, hombre tremendamente celoso, pretendía que el Nepomuceno, confesor de la reina Juana, le revelara los pecados de alcoba de su esposa. Negose el santo varón a violar el secreto de confesión, lo que encolerizó al monarca. Antes de arrojarle a las frías aguas del río Moldava, mandó que le cortasen la lengua. “Si no te gusta hablar, entonces ¿para que quieres la lengua?” debió espetarle el furibundo rey.
Vaya con el Wenceslao, que pulgas se gastaba el amigo. Y a lo mejor la buena señora en las confesiones sólo contaba que había faltado a misa y dicho tres palabrotas. Que cosas, la lengua, los celos.
ResponderEliminarahora el puente de quien debe defenderse es de las hordas de turistas que incansables lo violan con sus flashes. gracias por el dibu
ResponderEliminar