En algun lugar perdido del estado de Oaxaca, languidecía el olvidado pueblo de Las Animas, una pequeña aldea de campesinos, adonde no llegaba la luz ni el agua ni el telefono ni ninguno de los progresos considerados civilizadores.
Un día al filo del milenio la asamblea vecinal, sabiendo que el presidente Fox andaba de visita oficial por la provincia, tomó un arriesgada decisión. El pueblo dejaría de llamarse “Las Animas” y adoptaría el enjundioso nombre de “Licenciado Vicente Fox Quesada”.
No sirvió de nada. La comitiva presidencial pasó cerca. A tan sólo media hora. Todos esperaban que algún momento pudiese desviarse de la ruta para conocer el pueblo «y nomás saludar». Sacaron brillo al cartel que señalaba el camino del pueblo pero no sirvió de nada. El Licenciado Vicente Fox Quesada pasó de Licenciado Vicente Fox Quesada, como un remake chusco de Bienvenido Mr Marshall. Llevar el nombre completo y los dos apellidos del presidente de México no alteró ni el itinerario oficial ni el mísero destino de esta comunidad.
Ahora un aire de tristeza recorre la comunidad al ver que sus esperanzas se han desvanecido. Han trascurrido ya varios después del cambio de nombre, Vicente Fox ya solo es un expresidente camino del olvido y ellos han perdido hasta el sugerente nombre de Las Animas. Las autoridades estatales no han respondido con agua, electricidad o alcantarillado pero sí con un maestro y una bandera nacional tejida en una excelente tela.
El primer profesor que llegó a este lugar no pudo aguantar la curiosidad y preguntó: «Pero ¿por qué este nombre?». Y la respuesta de la madre de una alumna: «Sentimos que era la forma de que nos fuera bien. Creíamos que nos iban ayudar a arreglar los papeles de las tierras»











