En la Plaza Venecia se yergue un enorme monumento de mármol blanco, dedicado a Vittorio Emanuele II, el primer rey de la Italia unificada. Fue inaugurado en 1911 y mide mas de 80 metros de altura. Alberga la tumba al soldado desconocido, iluminada por una llama eterna. La mayoria de los italianos detesta este monumento. Giovanni Papini lo definió como “un lujoso urinario”. Popularmente tambien se le atribuyen otras denominaciones honórificas, como la “tarta nupcial” o la “maquina de escribir”. Realmente es una construcción pomposa y arrogante, pero hay que reconocer que tiene su puntito.
Lo peor de todo es que avasalla y arrincona nada menos que a la colina capitolina, el centro de poder romano desde el origen de la ciudad. El Capitolio, desde cuyas escaleras Bruto arengó a las masas con la sangre de Julio Cesar aun caliente; donde Petrarca fue coronado con laurel; donde se venera la milagrosa imagen del santo bambino de Aracoeli, tallada en madera de un olivo de Getsemani; donde se conserva la única estatua ecuestre de bronce de la época imperial, instalada en una plaza diseñada por Miguel Angel. Todo eso ha quedado reducido a la trastienda del Monumento a Vittorio Emanuel.
Erguir Eugenio, erguir; puedes poner irgue o yergue depende de lo pedante que quieras ser.
ResponderEliminarquiero ser todo lo pedante que se pueda, pero lo de la ortografia acaba jugandomela
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