lunes, 25 de julio de 2011

Callejón de la Inquisición

Junto al Altozano quedan los recuerdos del Castillo de la Inquisición, edificado sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, que ocupaba el lugar del actual mercado, junto al río y al puente. Contaba con 26 cárceles secretas, calificadas por el mismísimo Santo Oficio en el S. XVII como "antros de horror, hediondez y soledad".

Aquí la Inquisición puso fin a los focos heréticos del monasterio de San Isidoro y del palacio de doña Isabel de Baena.

En el castillo de Triana fue atormentada María Bohórquez, según Menéndez Pelayo, tierna doncella, de no más de veintiún años.

Fue alli donde murió preso el doctor Constantino Ponce de la Fuente, autor de una heterodoxa Summa de Doctrina Christiana. Capellán y predicador de Carlos V, acompañó en 1548 en su viaje por Flandes a quien luego habría de ser Felipe II. Ya muerto, en 1560 sacan una estatua suya del castillo de Triana para celebrar el auto de fe y, no pudiéndolo quemar en persona, arrojan al fuego sus huesos.

Tal dureza se empleaba en la Inquisición sevillana que incluso el Papa Sixto IV en 1482 dijo sobre ella "Proceden sin observar ningún orden de derecho, encarcelan a muchos injustamente, les someten a duros tormentos, les declaran herejes y expolian sus bienes de los que han matado".

De la presencia en Triana del antiguo tribunal inquisitorial permanece un único testimonio visible: el Callejón de la Inquisición, angosto pasaje que se abre hasta el río desde la calle Castilla, y que aun exhibe su perturbador nombre.


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