
En el año 1682 el escultor Antonio Ruiz Gijón trabajaba en el Cristo de la Expiración que le había encargado una Cofradía de Triana, pero no conseguía imprimir al rostro el dramatismo deseado.
En estas tribulaciones andaba cuando casualmente presenció una reyerta en la que fue apuñalado un joven gitano llamado "el Cachorro".
El escultor se acercó al moribundo y copió la expresión de su rostro agonizante. Fue tal el realismo que trasladó a la talla que, cuando la imagen salió en procesión por primera vez, la familia del Cachorro creyó ver resucitado al gitano.
El torero Juan Belmonte, “el pasmo de Triana", era cofrade del Cachorro, y la tarde que se pegó un tiro en su cortijo tenía ya sacada la papeleta para salir de nazareno en Viernes Santo, acompañando a su Cristo agonizante, por cuya boca afirma también el saber popular que de madrugada entran y salen los ratones.
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