
Ya he regresado de mi divagar por el luminoso sur. Empecé por Sevilla, esencia andaluza “ozú, que caló”. Luego Cadiz, colonial y ultramarina, la tacita de plata. Finalmente Granada, misteriosa y morisca, All ham du lilah.
Pero no adelantemos acontecimientos. En Sevilla, tal y como adelantaba, me hospedé en el exuberante Callejón de las flores, por gentileza de Kepa Izaguirre. En su azotea ha instalado un palomar, desde el que se atisba la pálida silueta de la Giralda y los aureos destellos del rio Guadalquivir. Cuando la calor afloja, subo hasta allí a esbozar este dibujo.
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