sábado, 6 de abril de 2013
las piscinas del nacional
En cierta ocasión me colé en la piscina del Hotel Nacional. El acceso a estas instalaciones estaba reservado para los huéspedes del hotel, pero yo, sin serlo, hice como si lo fuera. Le eché un poco de morro y me fui directo a una tumbona, con la toalla al hombro, intentando no cruzar la mirada con ningún empleado. Ya bien infiltrado, me tomé un daikiri y me di unos refrescates chapuzones para aliviar la tórrida calima caribeña. Tan ricamente.
Habia quedado mas tarde con el lisensiado Valdés, y le sugerí que adoptara la misma táctica para colarse en la piscina. Yo soy un tipo anodino que no suele llamar la atención, pero la poderosa anatomía del lisensiado no suele pasar desapercibida, asi que un segurata se interpone en su camino e intenta impedirle el paso, como antaño a Nat King Cole y a Josephine Baker. “Hay que ser cliente del hotel para entrar en la piscina. ¿es usted cliente?”. El lisensiado reacciona con rapidez y responde manteniendo el tipo, como un hombre de mundo, “No estoy alojado pero estoy citado aquí con el señor Lasarte. Precisamente alli le veo” y me saluda con la mano. Yo hago un gesto, con fingida seguridad, como para que le dejen entrar y el portero se disculpa “usted perdone, señor”, franqueandole el paso con una reverencia.
Los siguientes daikiris llegaron por cuenta de la casa.

Grandes recuerdos, si señor, cuando mi sugerente voz amansaba a las personas....
ResponderEliminarvaya dos!!
ResponderEliminarQué risas me he pegado con tu narración!!
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