Conocimos a un tal Fellix, que entre sus numerosos oficios sin beneficio contaba el de repentista, una suerte de bertsolari caribeño. Los repentitas no improvisan sus versos en una sidreria, con las manos en los bolsillos, sino con un vaso de ron y a la sombra de una palmera, pero en esencia viene a ser lo mismo: cantar uns rimas, barruntadas sobre la marcha, relativas a un tema que les viene dado en el momento.
Esta modalidad de literatura oral cuenta gran tradición en la isla. Entre los seguidores del Indio Naborí, Jesús Orta Ruiz, el mas grande repentista de todos los tiempos, ha habido algunos muy brillantes. Felix no era uno de ellos, pero resultaba simpático, y al segundo trago se le soltaba la lengua hacia conceptos inasequibles, alejados del raciocinio universal.
Esta modalidad de literatura oral cuenta gran tradición en la isla. Entre los seguidores del Indio Naborí, Jesús Orta Ruiz, el mas grande repentista de todos los tiempos, ha habido algunos muy brillantes. Felix no era uno de ellos, pero resultaba simpático, y al segundo trago se le soltaba la lengua hacia conceptos inasequibles, alejados del raciocinio universal.
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