En
la arquitectura civil de Jarandilla de la Vera destaca el parador de turismo, ubicado
en el Castillo de los Condes de Oropesa, del siglo XV, que fue residencia
durante unos meses del Emperador Carlos V, antes de retirase al cercano Monasterio
de Yuste. Seguro que a los condes de Oropesa les temblaron un poco las
canillas, cuando el emperador les soltó que iba quedarse una temporada en su
casa , mientras le acondicionaban las estancias monacales.
Por
otra parte, merece una mención la fiesta
de los escobazos, declarada de interés turístico regional, que se celebra en Jarandilla,
la noche del 7 de Diciembre por la noche , en la festividad de la Inmaculada.
Su
origen no ha podido aclararse, aunque se sabe que la fiesta se celebra desde el siglo VII cuando
los cabreros que bajaban desde la sierra a sus casas para celebrar con sus familiares
la Inmaculada, tras largos periodos de ausencia, utilizaban antorchas para
iluminar su camino, que en muchos casos se iniciaba de madrugada. Estas
antorchas se conseguían de un arbusto que abunda en la zona, la escobera, que
arde con facilidad.
El
momento cumbre es la salida del estandarte de la Virgen, portado por un jinete
al que acompaña el pueblo entero con
escobas encendidas, a lomos de burros, caballos o mulos. En el deambular
por las calles, los vecinos intercambian escobonazos alegremente. Se dan golpes
entre ellos con las antorchas ardientes, entre risas, canciones populares e himnos a la
Virgen. Y muchos de ellos acaban tontamente calcinados. Como diría Gila, si no
saben aguantar una broma que se vayan del pueblo.

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