viernes, 16 de enero de 2015

Monasterio de Yuste






Algo especial debe tener estas tierras de la Vera para que el emperador  Carlos V, que tenia a sus pies un imperio donde no se ponia el sol, eligiera esta zona para su retiro.
En el año 1556, el emperador Carlos I de España y V de Alemania, el hombre mas poderoso de la epoca, decidió alejarse para siempre del mundanal ruido, abandonando todo poder terrenal. El lugar elegido fue  el  Monasterio de Yuste, un humilde  cenobio construido en 1507, destinado a dar cobijo a los ermitaños. Allí  inició una vida monástica, en unas estancias alejadas del lujo y el oropel de la Corte.

Eso si, mandó construir  una ventana en su alcoba que comunicara con el coro de la iglesia contigua, para  asistir a los oficios religiosos desde el dormitorio, sentado en su litera por la gota que le aquejaba. Era un poco como poner una TV en la habitación.
También hizo instalar un estanque para refrescarse en las calidas tardes de verano.  Esta agua estancadas acabaron atrayendo al temido mosquito anopheles, que le infectó  la malaria, que a la postre acabaría con su vida el 21 de septiembre de 1558. Fue enterrado en la iglesia, del Monasterio de Yuste, aunque posteriormente, sus restos se trasladaron al panteón real del Escorial por expreso deseo de su hijo Felipe II.

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