No llegamos a saber que es lo que nos
iba a contar Delso sobre Simancas (ver entrada anterior), pero acaso fuera la
terrible historia de su origen etimológico.
En el año 783 Abderraman II había impuesto
al rey astur
Mauregato el infame Tributo de las Cien
Doncella, merced al cual Simancas (o como se llamase por aquel entonces esta
pujante villa al borde del Pisuerga) se veía obligada a contribuir con siete de
sus hijas, que debían ser entregadas al salaz emir de Al Andalus. En su forzada reclusión en una torre del castillo, las siete desventuradas jóvenes elegidas aquel año se desesperaban por encontrar una solución que les permitiese escapar de su infausto destino, y no se les ocurrió otra cosa que amputarse sus siete manos izquierdas.

alguien dijo que hubieras sido un buen avistador u ojeador (h-arengador) para la composición de harenes en las medinas de Arabia Saudí y Emiratos, y a poder ser especializado en los de emires para arriba, dadas las bonanzas que de ello repercute al ser tan excelso y delicado el trabajo.
ResponderEliminarIgual esa ha sido parte de la misión que te ha llegado a Simancas. Entender de reclutamientos curiosos que la historia ha ido dejando en modo de anécdotas. Lástima que ese otro quehacer de la pespitación, que en Simancas es ineludible, no te haya dejado mucho tiempo para el trampantojo y la documentación. Las cosas de palacio, ya se sabe. Por cierto, preciosa ilustración.