En
lo alto del Cerro de Santa Catalina, entre Cimadevilla y el mar, Eduardo Txillida
diseñó su colosal escultura “El Elogio del Horizonte”. Con 10 metros de altura y un peso de 500
toneladas, está realizado en hormigón armado, en el propio emplazamiento, a
partir de dos pilares que actúan como soportes de una elipse abierta.
Paredes desnudas, frías sólo en apariencia Sus brazos acogedores te abrazan y susurran a tu oído
el batir de las olas. Marco privilegiado de los incontables contrastes entre el
cielo y el mar, no siempre ha sido
apreciado por los foráneos. De hecho, el acervo popular ha descartado el pomposo nombre del "Elogio del
horizonte" y lo ha sustituido por el
menos poético pero igualmente elocuente de la "Taza del wáter de King Kong".


