jueves, 30 de junio de 2016

Gueto romano

 

En 1555, el Papa Paulo IV emitió una  ominosa bula: toda la comunidad judía, que hasta entonces residía en el actual Trastévere, debía trasladarse al otro lado del río para vivir recluida entre las murallas del recién creado gueto de Roma. Comenzaba, así, el aislamiento de los judíos en la ciudad. Entre las murallas, a lo largo de los siglos, la comunidad hebrea creció tanto que los pisos comenzaron a apiñarse unos encima de otros en un entorno falto de las medidas de salubridad más básicas.
Hasta que en 1870 la unificación de Italia puso fin a la soberanía de los papas, y el aspecto de Roma, que asumió el papel de capital del Reino de Italia, comenzó a cambiar. Muchos edificios del barrio judío se derruyeron para dar paso a nuevas construcciones, y el gueto dejó poco a poco de ser un barrio aislado.

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