A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba,
porque había extraviado el camino recto
Dante Alighieri
Me llamó la antención el pallazzo Anguillara, este edificio que se
encuentra junto al Tíber, frente al Puente Garibaldi. Es la unica estructura fortificada de las que vigilaban los puentes tiberinos que ha llegado hasta nuestros dias.
Su estructura más antigua, el pórtico con columnas y capiteles en forma de hojas, data del siglo XIII. El conde Everso II reconstruyó la torre y el palacio en 1455, creando a su vez, la parte de la fábrica en la Via della Lungaretta, colocando el escudo de armas con las dos águilas cruzadas. En 1542 el complejo fue severamente dañado por un terremoto, y queda en ruinas, convirtiéndose en establo y bodega. A finales del siglo XIX, la propiedad pasa a los Forti, una familia de la burguesia del Trastevere que instalaron una fábrica de esmalte y vidrios de colores. En 1887 el edificio fue expropiado por la ciudad de Roma, que en 1902 encargó de su restauración al arquitecto Fallani. Resultó una renovación un poco artificiosa, especialmente en las almenas de la torre.
Su estructura más antigua, el pórtico con columnas y capiteles en forma de hojas, data del siglo XIII. El conde Everso II reconstruyó la torre y el palacio en 1455, creando a su vez, la parte de la fábrica en la Via della Lungaretta, colocando el escudo de armas con las dos águilas cruzadas. En 1542 el complejo fue severamente dañado por un terremoto, y queda en ruinas, convirtiéndose en establo y bodega. A finales del siglo XIX, la propiedad pasa a los Forti, una familia de la burguesia del Trastevere que instalaron una fábrica de esmalte y vidrios de colores. En 1887 el edificio fue expropiado por la ciudad de Roma, que en 1902 encargó de su restauración al arquitecto Fallani. Resultó una renovación un poco artificiosa, especialmente en las almenas de la torre.
Desde 1921 el
complejo sirve de sede a la "Casa de Dante", un promotor de los
estudios de Dante, aunque es poco
probable que el divino poeta pusiera alguna vez el pie en ella. De hecho, para un dia
que a Dante se le ocurrió acudir a Roma, en calidad de embajador de Florencia, fue arrestado por el papa Bonifacio VIII que, confabulado con los güelfos negros, pretendía invadir la
ciudad toscana e integrarla a los Estados Pontificios. Asi que el autor de la Divina Comedia no debía
sentir mucho aprecio hacia Roma.

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