La
construcción del Coliseo fue iniciada por Vespasiano, aunque lo concluyó su
hijo Tito.
De
origen humilde, Vespasiano fue un buen administrador y un emperador austero, a diferencia de sus antecesores. Reformó la administración
de justicia, concedió la ciudadanía romana a muchas provincias del imperio, puso más empeño en mantener la pax romana que
en ampliar sus fronteras y protegió de un modo especial a las artes.
Lo
único que se le censuraba era que, a pesar de sus hábitos modestos, estaba ávido
de dinero. Restableció los impuestos que habían sido abolidos en tiempos de
Galba, creo otros nuevos, duplicó el tributo que debían entregar las
provincias.
En este insaciable afán recaudatorio, instauró una costumbre que se
ha extendido tristemente a nuestros días: Creó una tasa por la utilización de
los urinarios públicos. Cuando su hijo Tito le reprochó este desatino tributario,
Vespasiano le puso una moneda delante de sus narices y le espetó “pecunia non olet” (el dinero no
huele)

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