No nos engañemos. Nadie viaja a Menorca a ver piedras, por muy talayóticas que estas sean. La gente va alli por sus playas, el agua azul turquesa, las calas recónditas y su clima benigno (aunque durante mi estancia haya hecho un calor atorrante)
En fin, me sacudire las chanclas e intentare aportar
algún modesto granito de arena a la promoción del litoral.
Esto del dibujo es Fornells, un pueblo de pescadores al norte de Menorca.
Cuenta con un puerto tradicional y una gran bahía de más de 3 kilómetros de longitud.
Desde allí podemos acceder con facilidad a algunas calas muy conocidas: cala Tirant, Cavalleria,
Cala pregonda…
Si vais a Fornells y vuestros bolsillos se quieren
permitir un pequeño pero suculento dispendi, sabed que en este pueblo preparan
como en ningún sitio la Caldereta de Langosta, un plato muy menorquin. Podeis probarla acaso
en Can Burdó restaurante fundado en
1872, que pasa por ser el más antiguo de Menorca. Ya me estoy yendo por
las ramas.

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