lunes, 13 de febrero de 2017

callejon del gato

 "En el callejón del Gato hubo hasta hace poco, calzados en la pared y del tamaño del transeúnte de estatura regular, dos espejos, uno cóncavo y otro convexo que deformaban en don Quijote y Sancho a todo el que se miraba en ellos".
 
Ramón Gómez de la Serna

 

Entre la plaza de Santa Ana y la Puerta del Sol pasamos por el Callejon de Alvarez Gato, calle corta y estrecha, peatonal, con algunos bares reseñables, como el Villa-Rosa, uno de los bares más antiguos de Madrid, cuya fachada está ricamente decorada con azulejos del maestro Alfonso Romero, o  la Taberna pompeyana, que reproduce mosaicos bastante subidos de tono (por no decir directamente pornográficos) hallados entre las ruinas de Pompeya.
Pero sin duda lo mas sobresaliente del Callejon del gato se encuentra en la Taberna de las Bravas, un bar bastante anodino en mi opinión, aunque ciertamente habiles en la preparación de esta receta de patatas. Pues bien, en su interior (los del exterior son réplicas de los originales) se conservan los espejos, cóncavo y convexo, que reflejaban las fatídicas  peripecias nocturnas de los protagonistas de luces de bohemia. El poeta ciego  Max Estrella y su fiel amigo Latino de Hispalis, arrastran su miseria por  la noche madrileña y ponderan sus grotescos reflejos estampados en estos espejos. 
 
Por boca de sus personajes Valle-Inclan nos explica su idea del esperpento, genero literario que explora en su obra y cuya invención atribuye a Goya:   "Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea”

 

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