A manhá
rompia do alto sobre a planicie escura. Contra o céu ja dan um azul vivo,
recortavam-se as muralhas do Castelo.
Manuel
da Fonseca, en Cerromaior
Sobre la fundación del castillo de Santiago de Cacém se cuenta una hermosa leyenda: Durante los tiempos de la ocupación musulmana, era señor de esta región un moro muy rico que tenía tres hijos: dos chicos y una chica. Muy viejo, sintiendo que se acercaba la muerte, llamó a sus hijos y les comunicó su deseo de repartir los bienes, pidiéndoles que lo hiciesen pacíficamente entre sí. Según la costumbre, el mayor tomó para sí las tierras que deseaba; el segundo procedió del mismo modo, con la parte restante. Quedando todavía una gran extensión de propiedades y riquezas para la joven, el viejo padre le pregunta si quedará satisfecha con la parte que le tocará, a lo que ella responde: - Sí, padre, pero no deseo propiedades. Pienso que es más necesario que tengamos un castillo para nuestra defensa. Para mí deseo sólo el terreno que se pueda cubrir con la piel de un buey. Ante la admiración del padre y los hermanos, le dieron la piel que pedía para que pudiese marcar la parte que reclamaría de la herencia. La joven hizo entonces cortar la piel en finas tiras, y con ellas delimitó el perímetro del área que quería. Al terminar, se sucedieron tres días de fuerte nevada, al final de los cuales se calmó: todos vieron entonces, levantado por arte de magia, el Castillo de Santiago do Cacém. (Suplemento Litoral Alentejano, diciembre de 1998, adaptado.)




