El Elevador da Bica,
Patrimonio Histórico de Portugal desde el 2002, comunica el Largo do Calhariz
con la Rua de São Paulo, en un recorrido de 200 metros de elevada pendiente. Fue
inaugurado en el año de 1892 funcionando en sus inicios con un sistema de cremallera
y contrapeso de agua.
Es el de Bica mas funicular
que ascensor, con sus dos vagones enfrentados. Cuando uno sube el otro baja.
Cuando uno baja el otro sube. El trayecto es corto pero lento, asi que se puede
uno deleitar en el ambiente de la empinada calle que atraviesa, siempre
animada, incluso profanar un poco la intimidad de los hogares, por la
proximidad de las fachadas, y adivinar los fogones funcionando detrás de las
macetas de las ventanas. Apenas queda espacio para una estrecha acera, a menudo
ocupada por las vecinas que se acomodan con sus sillas a la puerta de casa.
Cuando pasa el elevador se apartan de su trayectoria, sin inmutarse, con un
gesto leve, pero preciso por sobradamente conocido, que permite a la maquina
continuar su ascensión y al paisanaje alargar la plática sosegada.
El conductor tañe la
elegre campana, para advertir a algún cliente que sale del bar sin reparar en
el singular tráfico de esa calle o a algún chaval que se cuelga de la
barandilla exterior para subir de gorra. Una vez superada la mitad del
trayecto, cuando los dos vagones se cruzan, se empieza a asomar el Tajo por el
fondo de la calle, encajado entre las dos hileras de edificios, pero no por
ello menos grandioso.

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