A pesar de su reducido tamaño (apenas tenía tres galerías superpuestas y un puñado de pasadizos interiores), la Pedanía de Halicarnaso poseía uno de los sistemas de alcantarillado más grandes y complejos del mundo antiguo.
Mediante un ingenioso sistema de ingeniería drenaba las aguas del Igris y el Téufrates que, una vez usadas, se vertían al vacío como aguas residuales a través del gran desagüe.
Los ingenieros de la época lo consideraron un caudal excesivo, de escasa funcionalidad y proporciones absurdas. El promotor de la obra, Tarquino el Truncado, hubo de aguantar las continuas mofas de sus acérrimos enemigos Exuperio Livio y los vulcanólogos de Pompeya.
Sin embargo, las crónicas de Estrabón nos cuentan que el generoso caudal de la Cloaca Máxima resultó vital en algunos episodios críticos de su historia y menciona, a modo de ejemplo, las naumaquias de Proserpina o las grandes diarreas del Segundo Imperio.

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