Se trata de una gran roca circular ahuecada desde el eje en una suerte de gajo. En esa sección vertical dejaron yuxtapuestas sus improntas las distintas culturas que lo habitaron desde tiempo inmemorial, componiendo uno de los conjuntos monumentales más eclécticos de la Jacitania.
En el plano superior destaca una basílica de estilo gótico-manierista, fruto de una precipitada reforma de la primitiva ermita visigótica, y unos parterres ajardinados a los que los nativos llaman pretenciosamente La Rosaleda de Versalles. En el plano medio, un aljibe de aguas ferruginosas, posiblemente de origen mozárabe. Finalmente, en el estrato inferior encontramos una especie de lavadero o forja para el culto mitral, donde quizás fundieron los primeros fenicios el mítico Tesoro de Carambolo.
Durante la Restauración fueron proliferando en la corteza exterior algunos caseríos y modestos núcleos urbanos, pero actualmente están casi todos deshabitados. Demasiados paisanos se precipitaban al vacío por la acusada pendiente de las laderas, sin que nunca más se volviera a saber de ellos.

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