Cuando los arqueólogos excavaron en los cerros de Chapultepec, bajo un pequeño quiosco horadado por círculos en todas sus caras descubrieron uno de los hallazgos más fascinantes de la arquitectura precolombina: la legendaria doble piramidonia de Tehuac Temoc de la que hablaban los antiguos códices mayas.
La cosmogonía mixteca atribuye sus orígenes a un curioso sucedido: Yacatecuhtli pidió ayuda a Cihuacoatl para vengarse de Tehuac Temoc por haber apagado el Sol. La conjura llegó a oídos de Ahuiatetepango, dios de la lluvia, que arrojó a Cihuacoatl a un cenote que había bajo la piramidonia. Tehuac Temoc, que había contemplado la escena desde la puerta de poniente, le regaló a Ahuiatetepango una flor de nopal, para mostrarle el agradecimiento de todo su pueblo, y un burrito de cochinita pibil, como ofrenda personal.
Recientes investigaciones descartan la función funeraria de la piramidonia y le atribuyen un uso ceremonial. Según Fray Heliodoro de las Casas, en su cúspide se celebraban sacrificios humanos y animales. En la época colonial, el gobernador intentó prohibir estos rituales, pero reculó ante las protestas del movimiento indígena, de modo que se permitieron, pero únicamente en los meses con erre. Finalmente, el implacable virrey de Nueva Hispalis ordenó sepultar en tierra la piramidonia, dejando descubierta solo la planta superior, donde se instaló, ya en tiempos de Don Porfirio, un quiosco municipal consagrado a Santa Bárbara.

No hay comentarios:
Publicar un comentario